Eterna Sirena

Emily Fall, dulce y hermosa sirena, desea algo y lo anhela como nadie. Dean Dangel, por siempre su compañero fiel. Un rompecabezas que parecía infinito, ya casi esta completo. Emily busca esa preciada pieza en su vida que la complete. Pero ninguna parece acoplarse al espacio vacío.

Estrellas que iluminan tristeza

Pequeños Cristales de una estrella fue lo primero Dean Dangel le regaló a la pequeña princesa, pues Emily le había pedido ese “algo” que le faltaba. Parecían la perfección materializada. Tanto brillo, luminosidad y belleza junta. Siempre presente en las noches de soledad. Emily Fall guardó los pequeños cristales junto a su cama por días, pero algo ocurrió. La ciudad poco a poco perdía luz y alegría. Las noches eran cada vez mas desoladas. Las aguas del océano enfriaban cada ser viviente hasta lo más profundo, pues la tristeza y la oscuridad se apoderaban de cada rincón con el pasar del tiempo. Emily Fall le pidió a Dean Dangel devolver los pequeños cristales y le ordenó conseguir una nueva forma de completar el rompecabezas.

El fin de la Alegría eterna

Dean Dangel pensó y pensó por horas, cuando en la superficie observó un espectro de colores radiantes. Polvo colorido de arco iris. ¡Qué gran idea había tenido Dean para su pequeña princesa!, quien al ver su nuevo obsequio se contagió de la chispeante alegría que este polvo especial transmitía. Nada había hecho tan feliz a Emily tanto como esta alegría contagiada. Desafortunadamente el efecto desapareció casi al instante, pues el polvo de arco iris se desvanece con la sal de los mares. Como consecuencia de la brusca falta del polvo, como un efecto adverso, Emily Fall comienza a llorar. Sin vacilar, Dean Dangel tomó la última lágrima de su preciosa niña y la guardó en una esfera de cristal, para asegurarse de que realmente fuese la última que por sus mejillas corriera. Lamentando lo acontecido.
Pequeños instantes para toda la vida

La pequeña dueña de los océanos luego recibió de su fiel compañero los escritos secretos de la Vida Eterna. Duró semanas en leerlo. Deseaba compartir los secretos con alguien especial y quien más que Dean Dangel para ello. Ambos vivieron años, decenios y milenios juntos. Pero la tristeza de ver pasar las generaciones los invadía. Celebraban cada nacimiento, pero lloraban cada pérdida. Tenían un consuelo mutuo, se tenían el uno al otro. Pero el rompecabezas seguía incompleto

¿Qué será lo que Emily busca? Aquella pieza de su rompecabezas aun estaba perdida.

Emily Fall ya no sabía cómo completarlo. Dirige su mirada a Dean Dangel, aquel compañero que paso tanto tiempo haciendo posible lo imposible para que su rompecabezas dejara de estar incompleto. Y justo en ese momento Emily Fall lo comprendió ¿Porque aunque el rompecabezas parecía incompleto, de pronto estaba terminado? Tardó Emily Fall un milenio en completar su rompecabezas, y las piezas siempre estuvieron juntas. No lamenta el tiempo perdido, pues al final el objetivo fue logrado.

Daniel E Amato

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