Soledad, ciencia aplicada a la realidad

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Dedicado a todos los que en algún momento se han sentido solos o fuera de lugar. Escrito en formato IMRYD para publicación científica

INTRODUCCIÓN
Como cuando estás en el banco, rodeado de mucha gente, y aún así te sientes sólo. Probablemente no tengas nada interesante que decirle al que tienes al lado (p= individuo sin una característica), pero de todos los presentes debe haber alguien a quien le gustaría oír lo que tienes que contar (q= individuo con la característica)

MATERIALES Y MÉTODOS:
Si tomas en cuenta el total de personas en el banco (N= población total), tus esperanzas de encontrar alguien interesante se reducen al máximo, a tal punto de inhibirte y hacerte sentir aislado. Siempre existe la posibilidad de juzgar erróneamente a alguien, y es descartado por prejuicios (e= error muestral)

Si por el contrario tomas en cuenta el número de personas con quien podrías hablar por el resto de tu vida (n= muestra), tus posibilidades de no estar tan sólo serian mucho mas altas.

RESULTADOS
Como todos bien lo sabemos, en base a estos valores hacemos unos pequeños cálculos y sabremos entonces quienes son las posibles personas con las que nos sentiríamos a gusto dentro de ese mar de gente. La cuestión está en cómo lo percibas, el total, o la muestra, siguen teniendo el mismo valor, pero pensarías que de alguna manera una opción es mas factible que otra, por lo que tu accionar sería distinto (k= nivel de confianza)

DISCUSIÓN Y RECOMENDACIONES
Les aconsejo primeramente aprobar el curso de Estadística Avanzada Nivel 3, luego sacar sus cálculos rápidamente en todo momento para saber cuantas posibilidades tenemos, y luego olvidar todos esos cálculos y procesos mentales y empezamos a hablar con personas. Porque seamos realista, sino jamás sabrás quien es quien.

Pero lo que quería realmente demostrar es que aunque te sientas solo, debes saber que realmente no lo estás, te encuentras distanciado de ese alguien con quien realmente podrías pasar tu vida.
Ve los detalles, sigue tu instinto y sino resulta, descarta.

BIBLIOGRAFÍA
1. Charla con un colega, Valencia – 2014.
2. Insomnio, Algún lugar oscuro y retorcido – Primera edición 2007
3. Experiencias de vida, Venezuela – 1989

Daniel Amato
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¿Qué tan bueno es ser bueno?

Cuando era pequeño no conocía la maldad. Con los años fui notando algunos actos no tan admirables, pero enseguida pensaba que los autores lo hacían involuntariamente y sin alevosía. Hoy día todo es muy diferente a como lo recuerdo. No se que tan crudo es el ahora o que tan engañoso fue mi infantil pasado. Me destruye ver en sus rostros lo que parece ser un gesto de placer. Agredir a otra persona, con golpes y torturas. Más grave que pensarlo, es hacerlo, y más doloroso que eso, es disfrutarlo.
Estoy empezando a creer que de hecho hay malicia, que es perversa, depravada e inquietante, posiblemente innata.

Temo que algún día despierte y vea todo normal. No porque la humanidad mejore, sino porque me acostumbre a lo malo. Quiero desconectarme antes que llegue ese día en que no pueda reconocer el mal aún teniéndolo al frente, antes que invada mis manos.

Estoy débil, agotado, arruinado, descorazonado, decaído. Pero a pesar de eso, valoro mi depresión, porque me hace saber que aún soy vulnerable. Cuando la maldad me alcance, desearía que mi primera victima sea yo.

Sospecho que mi pasado no fue real y es difícil aceptarlo.

Daniel Amato
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El dilema de la corrupción

corrup

Todo texto debe, necesariamente, llevar un propósito. Pero cuando este va en relacion a la humanidad del ser, su objetivo no es más que dilucidar lo bueno y lo malo, sin caer en el paradigma de la ética, contradictoriamente.
El hombre, como especie, es corrupto por naturaleza, y egoísta por convicción.
Cuando un maestro exige a sus alumnos leer 50 páginas en una noche, sabiendo él mismo que en su mesita de noche hay un libro de 200 páginas que lleva guardado mas de 3 meses. O cuando un médico le dice al paciente que debe llevar una vida saludable, pero realmente está pensando en el plato de torta que va a tener de postre al llegar a su casa. O cuándo un científico remarca lo insustancial de la apariencia física, pero en su guardarropa hay piezas que combinan a la perfección según los expertos en moda.Todos estos ejemplos podrían demostrar muchas cosas en una primera instancia. Pero la corrupción innata del hombre seguro no te pasó por la mente.
Esto es, según pienso, que está dado por lo que hemos aprendido de lo socialmente aceptado, o mas bien, lo que nos han obligado a aprender. Todos tenemos la necesidad de hacer las cosas de manera correcta, pero no de la manera que realmente deseamos. Si el maestro lee mucho, o el médico es saludable, ¿son entonces  corruptos?. Mi respuesta sería simple: SI. Aunque depende mucho de las circunstancia, claro está. Quizas, aún no me de a entender, por que la sociedad es quien dicta el patrón conductual del hombre, y según esto, estarían haciendo lo correcto. Si el maestro no desea leer el libro porque prefiere dormir, si el médico decide salirse de la dieta, o incluso si el científico decide vestir una falda con botas vaqueras siendo este un hombre, siguen sin ser corruptos, según la sociedad, ya que nos limita este término a lo estrictamente legal. Pero si conocemos el concepto se corromper, el cual dice que es alterar una cosa, y sabiendo que nos estamos refiriendo a la humanidad del ser, lo cual incluye su libre albedrío y capacidad de libre pensamiento, todo aquel que altere sus deseos mas íntimos por aceptar la imagen de buen ciudadano que nos han impuesto, estaría en esencia corrompiendo su ser.
Esto ocurre todos los días, a cada comento, con cada decisión que tomamos.
No estoy criticando al hombre, ni a la sociedad, quien en efecto es una respuesta a una necesidad de organización dada por el mismo hombre. La idea de este texto es muy simple: hacer entender al lector que no podemos, ni debemos, juzgar a nadie por sus acciones, quizás incluso las de “moral débil”, porque en dado momento nosotros, al igual que este sujeto, podemos estar en la disyuntiva de elegir entre lo que esta bien para nosotros o lo que está bien ante la sociedad.

…¿y como decidir entre dos cosas que parecen estar bien?.. he ahí el dilema.

Daniel Amato
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Soy autor, soy jardinero

autor

Cada letra que escribía era una nueva hoja que crecía en aquel viejo y frondoso poema. Algunos ven un árbol, como cualquier otro. No los culpo. Solo aquellos de alma noble podría ver la magia detrás de la frondosidad.
Aun recuerdo cuando sembré la idea en la tierra, y cuando escribí sus primeras hojas, cuando florecieron sus primeras palabras. Una a una. Muy pronto fue lo suficientemente grande para ser notado por aquel que pasase cerca. Cada risa era un botón que en flor se convertía. Cada lágrima era una hoja que el viento desprendía.
Así fue creciendo y arraigándose en el tiempo junto a las demás obras de mi jardín.
Ese martes de marzo, cuya fecha aún se puede leer en mi lápida, no fueron buenos los tiempos venideros para mi pequeño árbol. La tristeza pintaba de tono marrón y de vejez. Las letras se borraban y se las llevaba el otoño.
Pero cada vez que la obra es leída, un toque de verdor florece. Vuelve a la vida. Cada retoño es una nueva idea inspirada en el autor que comprende el valor del sentimiento impreso. Cada árbol que cae en nombre del arte, nunca muere, renace entre letras escritas en una hoja de papel.
La literatura nunca muere, y de eso estoy seguro.

Daniel Amato
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Mirada al pasado

pasado

Tengo el placer de narrarles mi historia.
Todo empezó desde que era un niño, y justo ahí es donde termina.

Un día como cualquier otro vi desde mi balcón unos pequeños puntos brillantes blancos en el cielo. Mi padre me enseñó que esos destellos eran estrellas, y que están muy muy lejos.

Ya habiendo terminado mi carrera, en cada de momento de estrés subía a mi terraza, colocaba una manta en el suelo, y me tumbaba sobre ella a recordar las palabras de mi difunto padre. Algo que sin duda llamó mi atención fue el hecho de saber que el brillo de una estrella que percibimos cada noche ha estado viajando en el espacio por mas de 10 años. Me Parecía fascinante tener el privilegio de ver el pasado desde mi terraza.

Un domingo, recuerdo, fue un día muy especial, fue el día en que compré mi primer telescopio. Lo armé. Medía un metro y medio, de color sepia con detalles en dorado. Esperé que cayera la noche para poder estrenar mi nueva adquisición. Cuando el reloj ya marcaba las 9:15pm y la ciudad empezaba a dormir, me dispuse a observar a través de la mirilla. Esa noche pude observar como era el universo. Algunas estrellas que estaba viendo habían emitido su rayo de luz hace ya varios años y yo recién las descubría. El reloj ya marcaba las 10:36pm y una estrella blanca y pequeña llamó mi atención. Pasé horas en la misma posición, observándola. La ultima vez que mire el reloj marcaba las 11:59pm. Seguí contemplando el cielo nocturno por tanto tiempo que perdí la noción de todo lo posible, sin saber más de mí.
A la mañana siguiente cuando desperté me noté recostado en el sofá, arropado hasta los pies. Me levanto bruscamente y al ver mis manos presumí que algo ocurría. Corrí al espejo y noté de inmediato que mi cara ya no tenía arrugas, no lucía cansada, era mas fresca y radiante, el cabello era más brillante. Confundido, atónito, inmóvil, un llamado me regresa a mi estado consciente. Era mi padre anunciando la hora del desayuno.

 

 

Daniel Amato
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El Suicidio

Despertó, miró a su alrededor y no reconoció nada. El reloj marcaba las 11:59am. Levantó su cuerpo de la cama, se acercó a la repisa donde había un arma con 2 balas cargadas. Había una nota a su lado que decía “Perdóname por lo que haré”. Tomó la pistola tan nervioso que una bala disparó en dirección al espejo. Se quebró al instante en mil pedazos, y las palomas volaron despavoridas. No le dio tiempo de reconocerse en el reflejo. Decidió salir de su habitación y al no encontrar respuesta decidió salir del apartamento. Lo primero que notó fue que el elevador no funcionaba. De pronto escuchó un sonido que lo atormentó y un hombre que gritaba de dolor. Parecía provenir de la azotea. Con miedo, pero muy curioso, cargó de nuevo el arma y decidió tomar el camino de las escaleras. En el último piso había una puerta entreabierta. Miró muy sorprendido y vio un hombre de pie con una pistola apuntando a otro desangrado en el suelo. El cielo estaba despejado. A los pocos segundos se escuchó otro disparó, pero esta vez no había sido del arma del asesino, provenía de uno de los apartamentos de abajo. Las palomas nuevamente estaban turbadas y volaban desordenadas sobre aquella escena. Esperó unos minutos, y en el preciso momento en el que el asesino parecía estar despistado decidió hacer justicia por su cuenta, abrió la puerta bruscamente y dijo con voz fuerte y firme — Perdóname por lo que haré. Estaban ellos dos. Apuntó al corazón ajeno, presionó su dedo contra el gatillo dejando al asesino tirado en el suelo gritando de dolor. Se quedó pocos minutos apuntando su pistola ya descargada. Se escuchó otro disparo, pero esta vez no sabía de donde provenía, notó que las palomas volaban aturdidas una vez más sobre ellos. Sin notarlo, la puerta, que de alguna manera estaba cerrada, volvió a abrirse, y un hombre le gritó — Perdóname por lo que haré.

Daniel Amato
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La taza de té

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Todos piensan que fue mi intención hacerlo. Están en lo cierto. Sus voces traspasaban la madera, yo podía oírlos hablar y sentir su nostalgia. Jamás imaginé que alguien lloraría mi nombre. Tampoco supe la razón de su presencia, siempre a mi lado. Quizás fue el sentimiento de culpa y las sospechas.

Ayer yo sabía muy bien lo que ocurría. Ella me preparó esa bebida dulce con un toque de amargura y tristeza, miré sus ojos por unos segundos, estaban llenos de ansiedad, bajé la mirada hacia la taza de té, tomé unos cuantos sorbos y me saboree los labios. A los pocos minutos dejé de ser yo para empezar a ser alguien más, alguien que observa de cerca mi cuerpo inmóvil en la mesa, como aquel narrador que conoce bien su personaje.

Siempre la amaré, no me arrepiento por lo que hice. Juré hacerla feliz, y esa era la única manera de cumplirlo. Siempre lo supe, fui cómplice de mi propia muerte.

Daniel Amato
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