¿Qué tan bueno es ser bueno?

Cuando era pequeño no conocía la maldad. Con los años fui notando algunos actos no tan admirables, pero enseguida pensaba que los autores lo hacían involuntariamente y sin alevosía. Hoy día todo es muy diferente a como lo recuerdo. No se que tan crudo es el ahora o que tan engañoso fue mi infantil pasado. Me destruye ver en sus rostros lo que parece ser un gesto de placer. Agredir a otra persona, con golpes y torturas. Más grave que pensarlo, es hacerlo, y más doloroso que eso, es disfrutarlo.
Estoy empezando a creer que de hecho hay malicia, que es perversa, depravada e inquietante, posiblemente innata.

Temo que algún día despierte y vea todo normal. No porque la humanidad mejore, sino porque me acostumbre a lo malo. Quiero desconectarme antes que llegue ese día en que no pueda reconocer el mal aún teniéndolo al frente, antes que invada mis manos.

Estoy débil, agotado, arruinado, descorazonado, decaído. Pero a pesar de eso, valoro mi depresión, porque me hace saber que aún soy vulnerable. Cuando la maldad me alcance, desearía que mi primera victima sea yo.

Sospecho que mi pasado no fue real y es difícil aceptarlo.

Daniel Amato
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#Compartido El Suicida

Autor: Enrique Anderson Imbert

(Argentina, 1910-2000)

Al pie de la Biblia abierta -donde estaba señalado en rojo el versículo que lo explicaría todo- alineó las cartas: a su mujer, al juez, a los amigos. Después bebió el veneno y se acostó.

Nada. A la hora se levantó y miró el frasco. Sí, era el veneno.

¡Estaba tan seguro! Recargó la dosis y bebió otro vaso. Se acostó de nuevo. Otra hora. No moría. Entonces disparó su revólver contra la sien. ¿Qué broma era ésa? Alguien -¿pero quién, cuándo?- alguien le había cambiado el veneno por agua, las balas por cartuchos de fogueo. Disparó contra la sien las otras cuatro balas. Inútil. Cerró la Biblia, recogió las cartas y salió del cuarto en momentos en que el dueño del hotel, mucamos y curiosos acudían alarmados por el estruendo de los cinco estampidos.

Al llegar a su casa se encontró con su mujer envenenada y con sus cinco hijos en el suelo, cada uno con un balazo en la sien.

Tomó el cuchillo de la cocina, se desnudó el vientre y se fue dando cuchilladas. La hoja se hundía en las carnes blandas y luego salía limpia como del agua. Las carnes recobraban su lisitud como el agua después que le pescan el pez.

Se derramó nafta en la ropa y los fósforos se apagaban chirriando.

Corrió hacia el balcón y antes de tirarse pudo ver en la calle el tendal de hombres y mujeres desangrándose por los vientres acuchillados, entre las llamas de la ciudad incendiada.

Sirius

Artista
Creativo
radiante y ardiente
Mundo interno
Sentimientos profundos
Personajes ajenos a su ser

Les narraré una historia basada en hechos no reales con un toque de certeza.

Sirius era un joven solitario, muy tranquilo y considerada sombrío por la mayoría. Sigiloso y místico. Su pasión por el arte era tan inmensa como sus deseos de conocer el universo.

En otoño, cuando las hojas se dejaban vencer por el viento, y cuando la soledad acechaba detrás de cada árbol tallado, Sirius podía ser él mismo, y explotar en mil pedazos que se fusionaban en una obra de arte. Su gran admiración por la naturaleza y sus dotes para representaciones gráficas le hacían expresar su deferencia por el mundo.

Nadie podía entender a Sirius, lo que soñaba cada noche, lo que sus textos contaban.
Sus únicos amigos verdaderos eran sus diseños y sus libros de ciencia y poesía. No tenia ningun otro ser que la comprendiera tanto como un buen lápiz de grafito.

Sirius nunca pudo comprender las sociedades, a la humanidad, a la gente. Lo que ellos valoraban, para Sirius no eran mas que banales inventos. Vicios, creencias, comportamientos, prejuicios. Todo le resultaba una locura. Sin pensarlo mucho, siempre criticaba cada accion que consideraba primitiva o carente de significado. Y se divertía en ocasiones de la conducta humana y su “involución” según él mismo lo describía. Era amante del universo, mas no de lo que en él habita.

Quería volar, quería conocer, quería experimentar y sentir lo que realmente merece la pena.

Una noche estrellada, hundido en el desespero, decidió hacer que todo valiese la pena. Consultó a luna, esta, quien miraba inquieta desde el balcón, le respondió

— A mi lado lograras tu sueño.

Sirius, valiente y decidido, no vaciló. Escuchó sin temor cuando una oleada de aire entró. Esos fueron los últimos minutos en la tierra.

Hoy día, Sirius aun vive con nosotros, nos observa cada noche, nos acompaña y protege. Nos recuerda lo importante que es la admiración a la vida, de otra forma no tendría sentido. Mientras los mortales perecen sepultados bajo la tierra, Sirius ascendió a cumplir sus sueños como reconocimiento por su sabiduría plena, y acompaña a otros seres que supieron reconocer lo que realmente vale la pena.

Por eso, Sirius, la estrella mas brillante del cielo nocturno, situada a 8,6 millones de años luz de nuestra tierra, en la constelación Canis Mayor, siempre brillará y te guiará hasta que logres tus sueños.

Daniel E Amato y Eleamny Sivira


El grito interno

Helena, una mujer fuerte, valiente,
Sin miedos, segura caminante
Autosuficiente
Admirable
Nadie nunca la ha visto llorar
No tiene motivos para hacerlo
Vive cada dia resplandeciente

Helena una mujer sin igual

Transparente
Al borde el abismo
— Tu, mi ser, que estas ahí afuera, ¡Sálvame!
Se grita desde adentro cada noche
Desconcertada
Sus lágrimas no esperan
Cae cada noche, se ahoga y muere

Helena una mujer de cristal

Dos seres contrastados en un mismo cuerpo
Como un escudo que protege, un relicario
Desde adentro envía señales de rescate
Y desde afuera manda señales de vida

La eterna batalla entre ambas, hasta la victoria, y la muerte

Daniel E Amato