¿Qué tan bueno es ser bueno?

Cuando era pequeño no conocía la maldad. Con los años fui notando algunos actos no tan admirables, pero enseguida pensaba que los autores lo hacían involuntariamente y sin alevosía. Hoy día todo es muy diferente a como lo recuerdo. No se que tan crudo es el ahora o que tan engañoso fue mi infantil pasado. Me destruye ver en sus rostros lo que parece ser un gesto de placer. Agredir a otra persona, con golpes y torturas. Más grave que pensarlo, es hacerlo, y más doloroso que eso, es disfrutarlo.
Estoy empezando a creer que de hecho hay malicia, que es perversa, depravada e inquietante, posiblemente innata.

Temo que algún día despierte y vea todo normal. No porque la humanidad mejore, sino porque me acostumbre a lo malo. Quiero desconectarme antes que llegue ese día en que no pueda reconocer el mal aún teniéndolo al frente, antes que invada mis manos.

Estoy débil, agotado, arruinado, descorazonado, decaído. Pero a pesar de eso, valoro mi depresión, porque me hace saber que aún soy vulnerable. Cuando la maldad me alcance, desearía que mi primera victima sea yo.

Sospecho que mi pasado no fue real y es difícil aceptarlo.

Daniel Amato
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