¿Qué tan bueno es ser bueno?

Cuando era pequeño no conocía la maldad. Con los años fui notando algunos actos no tan admirables, pero enseguida pensaba que los autores lo hacían involuntariamente y sin alevosía. Hoy día todo es muy diferente a como lo recuerdo. No se que tan crudo es el ahora o que tan engañoso fue mi infantil pasado. Me destruye ver en sus rostros lo que parece ser un gesto de placer. Agredir a otra persona, con golpes y torturas. Más grave que pensarlo, es hacerlo, y más doloroso que eso, es disfrutarlo.
Estoy empezando a creer que de hecho hay malicia, que es perversa, depravada e inquietante, posiblemente innata.

Temo que algún día despierte y vea todo normal. No porque la humanidad mejore, sino porque me acostumbre a lo malo. Quiero desconectarme antes que llegue ese día en que no pueda reconocer el mal aún teniéndolo al frente, antes que invada mis manos.

Estoy débil, agotado, arruinado, descorazonado, decaído. Pero a pesar de eso, valoro mi depresión, porque me hace saber que aún soy vulnerable. Cuando la maldad me alcance, desearía que mi primera victima sea yo.

Sospecho que mi pasado no fue real y es difícil aceptarlo.

Daniel Amato
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La taza de té

tea

Todos piensan que fue mi intención hacerlo. Están en lo cierto. Sus voces traspasaban la madera, yo podía oírlos hablar y sentir su nostalgia. Jamás imaginé que alguien lloraría mi nombre. Tampoco supe la razón de su presencia, siempre a mi lado. Quizás fue el sentimiento de culpa y las sospechas.

Ayer yo sabía muy bien lo que ocurría. Ella me preparó esa bebida dulce con un toque de amargura y tristeza, miré sus ojos por unos segundos, estaban llenos de ansiedad, bajé la mirada hacia la taza de té, tomé unos cuantos sorbos y me saboree los labios. A los pocos minutos dejé de ser yo para empezar a ser alguien más, alguien que observa de cerca mi cuerpo inmóvil en la mesa, como aquel narrador que conoce bien su personaje.

Siempre la amaré, no me arrepiento por lo que hice. Juré hacerla feliz, y esa era la única manera de cumplirlo. Siempre lo supe, fui cómplice de mi propia muerte.

Daniel Amato
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bn

Mis Lágrimas, mejores amigas

Mis lágrimas son mis mejores amigas

Siempre me consuelan
Siempre saben que decir
Siempre me hacen sentir mejor
Presentes en los mejores momentos de mi vida
También en los no tan buenos.
Están cuando mas las necesito
Las comparto con quienes las saben apreciar
Y con quienes mas las necesitan
Me conocen desde que yo era un niño
Y se que estarán conmigo hasta el dia de mi muerte

Mis lágrimas me han visto llorar y me han visto reír
Son mis mejores amigas
Y este escrito va en su honor

Daniel E Amato

El grito interno

Helena, una mujer fuerte, valiente,
Sin miedos, segura caminante
Autosuficiente
Admirable
Nadie nunca la ha visto llorar
No tiene motivos para hacerlo
Vive cada dia resplandeciente

Helena una mujer sin igual

Transparente
Al borde el abismo
— Tu, mi ser, que estas ahí afuera, ¡Sálvame!
Se grita desde adentro cada noche
Desconcertada
Sus lágrimas no esperan
Cae cada noche, se ahoga y muere

Helena una mujer de cristal

Dos seres contrastados en un mismo cuerpo
Como un escudo que protege, un relicario
Desde adentro envía señales de rescate
Y desde afuera manda señales de vida

La eterna batalla entre ambas, hasta la victoria, y la muerte

Daniel E Amato

Eterna Sirena

Emily Fall, dulce y hermosa sirena, desea algo y lo anhela como nadie. Dean Dangel, por siempre su compañero fiel. Un rompecabezas que parecía infinito, ya casi esta completo. Emily busca esa preciada pieza en su vida que la complete. Pero ninguna parece acoplarse al espacio vacío.

Estrellas que iluminan tristeza

Pequeños Cristales de una estrella fue lo primero Dean Dangel le regaló a la pequeña princesa, pues Emily le había pedido ese “algo” que le faltaba. Parecían la perfección materializada. Tanto brillo, luminosidad y belleza junta. Siempre presente en las noches de soledad. Emily Fall guardó los pequeños cristales junto a su cama por días, pero algo ocurrió. La ciudad poco a poco perdía luz y alegría. Las noches eran cada vez mas desoladas. Las aguas del océano enfriaban cada ser viviente hasta lo más profundo, pues la tristeza y la oscuridad se apoderaban de cada rincón con el pasar del tiempo. Emily Fall le pidió a Dean Dangel devolver los pequeños cristales y le ordenó conseguir una nueva forma de completar el rompecabezas.

El fin de la Alegría eterna

Dean Dangel pensó y pensó por horas, cuando en la superficie observó un espectro de colores radiantes. Polvo colorido de arco iris. ¡Qué gran idea había tenido Dean para su pequeña princesa!, quien al ver su nuevo obsequio se contagió de la chispeante alegría que este polvo especial transmitía. Nada había hecho tan feliz a Emily tanto como esta alegría contagiada. Desafortunadamente el efecto desapareció casi al instante, pues el polvo de arco iris se desvanece con la sal de los mares. Como consecuencia de la brusca falta del polvo, como un efecto adverso, Emily Fall comienza a llorar. Sin vacilar, Dean Dangel tomó la última lágrima de su preciosa niña y la guardó en una esfera de cristal, para asegurarse de que realmente fuese la última que por sus mejillas corriera. Lamentando lo acontecido.
Pequeños instantes para toda la vida

La pequeña dueña de los océanos luego recibió de su fiel compañero los escritos secretos de la Vida Eterna. Duró semanas en leerlo. Deseaba compartir los secretos con alguien especial y quien más que Dean Dangel para ello. Ambos vivieron años, decenios y milenios juntos. Pero la tristeza de ver pasar las generaciones los invadía. Celebraban cada nacimiento, pero lloraban cada pérdida. Tenían un consuelo mutuo, se tenían el uno al otro. Pero el rompecabezas seguía incompleto

¿Qué será lo que Emily busca? Aquella pieza de su rompecabezas aun estaba perdida.

Emily Fall ya no sabía cómo completarlo. Dirige su mirada a Dean Dangel, aquel compañero que paso tanto tiempo haciendo posible lo imposible para que su rompecabezas dejara de estar incompleto. Y justo en ese momento Emily Fall lo comprendió ¿Porque aunque el rompecabezas parecía incompleto, de pronto estaba terminado? Tardó Emily Fall un milenio en completar su rompecabezas, y las piezas siempre estuvieron juntas. No lamenta el tiempo perdido, pues al final el objetivo fue logrado.

Daniel E Amato