Mujeres Independiente

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Sabemos que una Mujer Independiente es capaz de valerse por si misma, y que no necesita un hombre a su lado. Eso suena genial, pero has pensado ¿Realmente quiero sentir que no me necesitan?¿Qué es lo que realmente quiero?

Una Mujer Independiente simplemente tiene la capacidad y la fe puesta en ella para realizar lo que se proponga. La idea no es minimizarla, mucho menos hacer que dependan de nosotros. Nadie desea que un diamante pierda su brillo. Por el contrario, y es aquí donde quiero que prestes la mayor atención: debemos buscar su confianza, estar a su altura y compartir responsabilidades. Que delegue sus funciones, que te permita entrar a su mundo y que te vea el potencial para saberlo manejar, pero sin llegar al extremo de controlarlo. Este debe ser tu ideal, tu guía.

Buscar una Mujer Independiente con la idea de sentirse superior es como tener a La Mona Lisa oculta tras un manto. Este texto es para dilucidar, ilustrar y enseñar a muchos de mis semejantes. Yo no soy un experto en el área, tampoco planeo serlo, simplemente hago acotaciones basadas en mi observación. Y advierto, que lo que resulte de este ensayo no será ni podrá ser usado como una fórmula general que se aplique a todos los casos.

Cada persona es un mundo, pero cada mujer es un universo con leyes propias, salgamos a descubrirlas.

Daniel Amato
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Supernova

supernova

Tengo un deseo muy minúsculo
tan minúsculo que abarca todo.
Un deseo cuántico
que explica nuestro universo

Quiero sentirte vulnerable,
verte quebrar una y otra vez.
Memorizar cada insignificante fragmento
hasta armar de nuevo tu ser
Reparar las fractura
Vivir en las grietas
Dedicar mi vida a tu fragilidad

Muéstrame tus fisuras
Enséñame  tus heridas
No me ocultes tu historia
No te reserves letras

Dame tu intimidad
Dame tu vida
Enséñame a amarte
Enséñame a vivirte
Desde el origen
de un inminente destello
hasta volvernos polvo de estrella.

Daniel Amato
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La Gran Naranja

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Debate: Ciencia y Religión, ¿versus?

Quisiera empezar esta nota diciendo que mi plan con la misma no es implantar mis ideas, ni sutil, ni violentamente, mi propósito es muy sencillo, tan sencillo como la vida misma, exponer mi punto de vista, pues es un derecho del cual estoy haciendo uso.

Ciencia y religión, es evidente que tienen alguna relación. El científico busca constantemente nuevo conocimiento, y el religioso cree en un dios – (Primera Premisa). Pero, ¿Cuál es la relación entre ambas? ¿Por qué siempre son nombradas como contrapartes?, en mi opinión, no podemos decir que una manzana es un tipo de pera, o que son opuestos, pero sí podemos decir que ambas provienen de un árbol. Así como la manzana y la pera no son lo mismo, pero básicamente tienen un origen común, igual sucede con la ciencia y la religión. El árbol de donde provienen la ciencia y la religión es “la búsqueda de respuestas” – (Segunda Premisa).

En un principio (el origen), donde no existía la ciencia o la religión (o si, pero no con tal denominación), los hombres fueron observando su entorno, florecieron dudas, de las más filosóficas, otras menos abstractas, incluso de las más básicas. Todos emprendieron su camino en busca de respuestas, pero sin saberlo se fueron dividiendo conforme fueron formulando sus conjeturas. En el caso del origen del universo, (¿no se me pudo ocurrir algo menos controversial?), varios habrán concluido que alguien tuvo que haberlo creado, una especie de “creador”, otros habrán pensado que apareció mágicamente, quizás otro grupo diría que somos los desechos de alguna obra más compleja, o hasta podrán decir que somos un pensamiento de alguna tortuga muy creativa. Todas son ideas válidas. Así fueron naciendo las nuevas corrientes, las cuales se basan en las conjeturas desde el origen, pero siguen siendo ideas que no han sido demostradas, a lo que llamaremos “hipótesis”. Hoy día estas hipótesis se consideran algo ya establecido, quizás hasta demostrado (sin realmente estarlo), y la razón de esto es el tiempo. Ejemplificando, supongamos que se me ocurre una idea muy desafiante de la realidad, y se la comento a mis hijos, y estos a sus hijos, y estos a los hijos de los hijos, y así hasta 34 generaciones más tarde, aquel último que oyó la teoría inventada por mí, pensará que es real, sino “¿Por qué habría de perdurar tanto a través de generaciones?”, y como ven en este ejemplo, nunca fue probada la teoría, fue un invento, que terminó siendo aceptado porque se introdujo como enseñanza.

Pero existe un grupo de individuos, que al momento en que todos planteaban sus ideas, decidieron no creer ninguna, son desconfiados, quizás no tenían ninguna hipótesis propia, quizás no creyeron ninguna porque estaban esperando que les llegara su momento de lucidez para formular sus propias hipótesis, eso tampoco lo sabremos, lo importante es que decidieron no vivir en base a algo que les fue dicho por un semejante sobre algo superior a ellos. Siguieron observando su entorno, seguían surgiendo interrogantes, los demás seguían diciendo lo primero que se les ocurría, y ellos seguían y seguían observando, de pronto decidieron tomar  por primera vez una de esas hipótesis y corroborar si era cierta, si no le encuentran sentido, la descartan sin remordimiento, por el contrario, si aún sigue sonando razonable, la guardan para más tarde. Así vivieron por el resto de sus días, hasta la actual fecha en la que siguen analizando hipótesis (propias o ajenas), descartando las inútiles, guardando las posibles, y dando crédito a las que arrojaron un resultado. A este grupo lo llamamos “Científicos”. Los demás que aún conservan la enseñanza de miles de años, a algunos los llamamos “Creyentes” – (Tercera Premisa), y a otros no sé qué nombres les habrán colocado, ¿“Tortuguistas”?, en base a esto cree una encuesta la cual podrás responder al final de este texto.

Como ven, así pienso yo las cosas, entre ciencia y religión. Como dije al inicio, no son lo mismo, pero se relacionan mucho, desde su origen.

Si tengo la suerte de que algún creyente esté leyendo esta nota, y decide opinar que no cree ciegamente, le sugiero pensar un par de cosas, como son ¿quién te hablo por primera vez de tu religión?, si tu respuesta es “mis padres”, replico con otra pregunta ¿y quién le habló a ellos de su religión?, a lo que responderás seguramente “sus padres” y podemos llegar hasta sumar 34 generaciones, tal como el ejemplo que mencioné, la idea inventada por mí hasta que llegó a mi tátara-tárata-tátara y 31 tátaras más tarde y este último lo aceptó como cierto, demostrando que de hecho, no sabes con certeza si lo que te dijeron tus padres, es verdad.

Pero aparte, si dices que eres voluntariamente religioso, tengo otra pregunta ¿en qué preciso momento te diste cuenta que eras religioso? Quizás siempre lo fuiste, desde que naciste, o antes de vivir en el vientre materno, sin saber que la religión existía, ya eras religioso. ¿No es curioso?, es como cuando una niña sabe que es niña porque la visten de rosado, y su nombre termina con la letra A, y luego ella misma sin darse cuenta el motivo de porque es llamada niña, solo lo acepta, y ya siendo adulta sabe que el concepto de ser del sexo femenino es tener todos los órganos reproductores propios del género (entre otros caracteres), pero nunca supo en qué momento se dio cuenta que era en si una niña, ni sabría en que momento supo que tenía los órganos específicos del género. Un “científico” sabría con certeza que a la edad de 3 a 6 años empiezan los niños a investigar sobre su sexualidad, sin embargo nadie nunca se dio cuenta que pertenece a un género especifico, ni tampoco recuerda el momento exacto en que descubriste por ti mismo cuales eran tus órganos y si eran diferentes a los de los demás o no, simplemente lo aceptamos. Y esto que acabo de demostrar es la contra-respuesta, a cualquiera que haya sido tu respuesta de “¿en qué preciso momento te diste cuenta que eras religioso?”

Si te confirmaste, seguramente dirías que desde ese momento eres religioso, pero por qué no antes o después de esa precisa fecha que todos celebran, y de hecho, por qué decidiste confirmarte, si  incluso desde mucho antes “sabias” que pertenecías a tu religión, así que la confirmación no fue el punto de partida, fue más bien la aceptación de lo que ya habían decidido por ti. Y ni hablar del bautizo.

Sigamos con las preguntas. ¿No se te ha ocurrido preguntarte quien es dios?, buscar tus propias respuesta, averiguar por tus propios medios si es cierto todo lo que dicen y sin repetir  lo que has aprendido como un loro haría. Yo sé que incluso podrías describir  físicamente a un ser superior en base a un dibujo que hizo alguien como tú o como yo, que no lo hemos visto en persona.

La cantante Thalía, sabe muy bien lo que canta, y yo lo adapto a este texto con su famosa frase “porque siempre estuve equivocada, y no lo quise ver”. Cae como anillo al dedo.

Solo les pido a los creyentes que me estén leyendo, que desconfíen de lo que les dicen.  No solo en la religión, sino en tu profesión, hasta en la vida. Si estudias medicina y tu profesor dice en clases que el mejor antibiótico contra una neumonía es una penicilina cristalina, no lo aceptes, revisa lo que se conoce sobre neumonía, y sobre penicilinas, y todo lo relacionado, como resistencia a los antibióticos y espectro de acción, porque a fin de cuentas, cuando seas médico, ya en un ámbito legal, deberás cubrirte las espaldas con algo demostrado, ya que el argumento “mi profesor así me lo enseño” no será para nada válido. De igual forma, si alguien les comenta que somos nacidos de una naranja gigante (la cual llamaremos “La Gran Naranja”), seguramente lo ponen en duda inmediatamente, porque saben de antemano que no podemos haber descendido de una naranja, pero quien sabe, vamos a investigar que tan cierto es eso.

Y por último, unas consideraciones finales para los llamado “ateos”, ¿Por qué deciden llamarse ateos?, la definición exacta es que no creen en un dios, eso es comprensible, pero están dentro del paradigma de los religiosos y no se han dado cuenta. Usando nuevamente el ejemplo de la naranja gigante, si alguien dice que “somos hijos de la Gran Naranja”, simplemente no la acepto, lo descarto, no ando gritando al mundo “yo no soy hijo de la Gran Naranja”, porque esa es una idea que nació libremente. Si alguien no cree en un dios, ¿Por qué motivo diría que no cree en algo que para él no existe? Es como decir “Yo no creo en el color BLEN, soy Anti-BLEN”, ¿Qué dices?, no digas que eres Anti-BLEN, porque simplemente el color BLEN no existe, por tanto lo que sea que se lo oponga a este absurdo color estaría fuera de orden. También sirve de ejemplo, el juego infantil de Policías y Ladrones, unos tienen una figura y otra, pero ¿Qué pasa con los que no están jugando?, si alguien no está jugando claramente no dice que es un Policía o un Ladrón, porque repito, no está jugando. Lo más probable es que alguien que si participe del juego le invente un nombre a aquel que no está jugando, sería en este caso un Peatón, que desde el punto de vista del que está participando en el juego, el peatón es una figura oficial del juego, pero el que no está jugando no va a decir que es un Peatón, de hecho, no debe decirlo, porque una vez que asuma su figura de Peatón estaría siendo un jugador más.

Así que ahora me presento, yo, el autor de este texto, soy un médico venezolano, científico por naturaleza y básicamente no soy un peatón, no soy hijo de la Gran Naranja, tampoco soy Anti-BLEN, y definitivamente tampoco soy Ateo. Tampoco soy fan de Thalía.

Recapitulando, yo soy yo, y ya.

Les dejo las premisas con las que podrán definir sus vidas más fácilmente:

  1. Primera: Ciencia y Religión, no son lo mismo.
  2. Segunda: tanto ciencia como religión tienen un origen común: “la búsqueda de respuestas”.
  3. Tercera: la ciencia y la religión se diferencian en algo, una duda, y la otra cree.

Daniel Amato
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Mirada al pasado

pasado

Tengo el placer de narrarles mi historia.
Todo empezó desde que era un niño, y justo ahí es donde termina.

Un día como cualquier otro vi desde mi balcón unos pequeños puntos brillantes blancos en el cielo. Mi padre me enseñó que esos destellos eran estrellas, y que están muy muy lejos.

Ya habiendo terminado mi carrera, en cada de momento de estrés subía a mi terraza, colocaba una manta en el suelo, y me tumbaba sobre ella a recordar las palabras de mi difunto padre. Algo que sin duda llamó mi atención fue el hecho de saber que el brillo de una estrella que percibimos cada noche ha estado viajando en el espacio por mas de 10 años. Me Parecía fascinante tener el privilegio de ver el pasado desde mi terraza.

Un domingo, recuerdo, fue un día muy especial, fue el día en que compré mi primer telescopio. Lo armé. Medía un metro y medio, de color sepia con detalles en dorado. Esperé que cayera la noche para poder estrenar mi nueva adquisición. Cuando el reloj ya marcaba las 9:15pm y la ciudad empezaba a dormir, me dispuse a observar a través de la mirilla. Esa noche pude observar como era el universo. Algunas estrellas que estaba viendo habían emitido su rayo de luz hace ya varios años y yo recién las descubría. El reloj ya marcaba las 10:36pm y una estrella blanca y pequeña llamó mi atención. Pasé horas en la misma posición, observándola. La ultima vez que mire el reloj marcaba las 11:59pm. Seguí contemplando el cielo nocturno por tanto tiempo que perdí la noción de todo lo posible, sin saber más de mí.
A la mañana siguiente cuando desperté me noté recostado en el sofá, arropado hasta los pies. Me levanto bruscamente y al ver mis manos presumí que algo ocurría. Corrí al espejo y noté de inmediato que mi cara ya no tenía arrugas, no lucía cansada, era mas fresca y radiante, el cabello era más brillante. Confundido, atónito, inmóvil, un llamado me regresa a mi estado consciente. Era mi padre anunciando la hora del desayuno.

 

 

Daniel Amato
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Sirius

Artista
Creativo
radiante y ardiente
Mundo interno
Sentimientos profundos
Personajes ajenos a su ser

Les narraré una historia basada en hechos no reales con un toque de certeza.

Sirius era un joven solitario, muy tranquilo y considerada sombrío por la mayoría. Sigiloso y místico. Su pasión por el arte era tan inmensa como sus deseos de conocer el universo.

En otoño, cuando las hojas se dejaban vencer por el viento, y cuando la soledad acechaba detrás de cada árbol tallado, Sirius podía ser él mismo, y explotar en mil pedazos que se fusionaban en una obra de arte. Su gran admiración por la naturaleza y sus dotes para representaciones gráficas le hacían expresar su deferencia por el mundo.

Nadie podía entender a Sirius, lo que soñaba cada noche, lo que sus textos contaban.
Sus únicos amigos verdaderos eran sus diseños y sus libros de ciencia y poesía. No tenia ningun otro ser que la comprendiera tanto como un buen lápiz de grafito.

Sirius nunca pudo comprender las sociedades, a la humanidad, a la gente. Lo que ellos valoraban, para Sirius no eran mas que banales inventos. Vicios, creencias, comportamientos, prejuicios. Todo le resultaba una locura. Sin pensarlo mucho, siempre criticaba cada accion que consideraba primitiva o carente de significado. Y se divertía en ocasiones de la conducta humana y su “involución” según él mismo lo describía. Era amante del universo, mas no de lo que en él habita.

Quería volar, quería conocer, quería experimentar y sentir lo que realmente merece la pena.

Una noche estrellada, hundido en el desespero, decidió hacer que todo valiese la pena. Consultó a luna, esta, quien miraba inquieta desde el balcón, le respondió

— A mi lado lograras tu sueño.

Sirius, valiente y decidido, no vaciló. Escuchó sin temor cuando una oleada de aire entró. Esos fueron los últimos minutos en la tierra.

Hoy día, Sirius aun vive con nosotros, nos observa cada noche, nos acompaña y protege. Nos recuerda lo importante que es la admiración a la vida, de otra forma no tendría sentido. Mientras los mortales perecen sepultados bajo la tierra, Sirius ascendió a cumplir sus sueños como reconocimiento por su sabiduría plena, y acompaña a otros seres que supieron reconocer lo que realmente vale la pena.

Por eso, Sirius, la estrella mas brillante del cielo nocturno, situada a 8,6 millones de años luz de nuestra tierra, en la constelación Canis Mayor, siempre brillará y te guiará hasta que logres tus sueños.

Daniel E Amato y Eleamny Sivira