¿Qué tan bueno es ser bueno?

Cuando era pequeño no conocía la maldad. Con los años fui notando algunos actos no tan admirables, pero enseguida pensaba que los autores lo hacían involuntariamente y sin alevosía. Hoy día todo es muy diferente a como lo recuerdo. No se que tan crudo es el ahora o que tan engañoso fue mi infantil pasado. Me destruye ver en sus rostros lo que parece ser un gesto de placer. Agredir a otra persona, con golpes y torturas. Más grave que pensarlo, es hacerlo, y más doloroso que eso, es disfrutarlo.
Estoy empezando a creer que de hecho hay malicia, que es perversa, depravada e inquietante, posiblemente innata.

Temo que algún día despierte y vea todo normal. No porque la humanidad mejore, sino porque me acostumbre a lo malo. Quiero desconectarme antes que llegue ese día en que no pueda reconocer el mal aún teniéndolo al frente, antes que invada mis manos.

Estoy débil, agotado, arruinado, descorazonado, decaído. Pero a pesar de eso, valoro mi depresión, porque me hace saber que aún soy vulnerable. Cuando la maldad me alcance, desearía que mi primera victima sea yo.

Sospecho que mi pasado no fue real y es difícil aceptarlo.

Daniel Amato
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Supernova

supernova

Tengo un deseo muy minúsculo
tan minúsculo que abarca todo.
Un deseo cuántico
que explica nuestro universo

Quiero sentirte vulnerable,
verte quebrar una y otra vez.
Memorizar cada insignificante fragmento
hasta armar de nuevo tu ser
Reparar las fractura
Vivir en las grietas
Dedicar mi vida a tu fragilidad

Muéstrame tus fisuras
Enséñame  tus heridas
No me ocultes tu historia
No te reserves letras

Dame tu intimidad
Dame tu vida
Enséñame a amarte
Enséñame a vivirte
Desde el origen
de un inminente destello
hasta volvernos polvo de estrella.

Daniel Amato
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La Gran Naranja

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Debate: Ciencia y Religión, ¿versus?

Quisiera empezar esta nota diciendo que mi plan con la misma no es implantar mis ideas, ni sutil, ni violentamente, mi propósito es muy sencillo, tan sencillo como la vida misma, exponer mi punto de vista, pues es un derecho del cual estoy haciendo uso.

Ciencia y religión, es evidente que tienen alguna relación. El científico busca constantemente nuevo conocimiento, y el religioso cree en un dios – (Primera Premisa). Pero, ¿Cuál es la relación entre ambas? ¿Por qué siempre son nombradas como contrapartes?, en mi opinión, no podemos decir que una manzana es un tipo de pera, o que son opuestos, pero sí podemos decir que ambas provienen de un árbol. Así como la manzana y la pera no son lo mismo, pero básicamente tienen un origen común, igual sucede con la ciencia y la religión. El árbol de donde provienen la ciencia y la religión es “la búsqueda de respuestas” – (Segunda Premisa).

En un principio (el origen), donde no existía la ciencia o la religión (o si, pero no con tal denominación), los hombres fueron observando su entorno, florecieron dudas, de las más filosóficas, otras menos abstractas, incluso de las más básicas. Todos emprendieron su camino en busca de respuestas, pero sin saberlo se fueron dividiendo conforme fueron formulando sus conjeturas. En el caso del origen del universo, (¿no se me pudo ocurrir algo menos controversial?), varios habrán concluido que alguien tuvo que haberlo creado, una especie de “creador”, otros habrán pensado que apareció mágicamente, quizás otro grupo diría que somos los desechos de alguna obra más compleja, o hasta podrán decir que somos un pensamiento de alguna tortuga muy creativa. Todas son ideas válidas. Así fueron naciendo las nuevas corrientes, las cuales se basan en las conjeturas desde el origen, pero siguen siendo ideas que no han sido demostradas, a lo que llamaremos “hipótesis”. Hoy día estas hipótesis se consideran algo ya establecido, quizás hasta demostrado (sin realmente estarlo), y la razón de esto es el tiempo. Ejemplificando, supongamos que se me ocurre una idea muy desafiante de la realidad, y se la comento a mis hijos, y estos a sus hijos, y estos a los hijos de los hijos, y así hasta 34 generaciones más tarde, aquel último que oyó la teoría inventada por mí, pensará que es real, sino “¿Por qué habría de perdurar tanto a través de generaciones?”, y como ven en este ejemplo, nunca fue probada la teoría, fue un invento, que terminó siendo aceptado porque se introdujo como enseñanza.

Pero existe un grupo de individuos, que al momento en que todos planteaban sus ideas, decidieron no creer ninguna, son desconfiados, quizás no tenían ninguna hipótesis propia, quizás no creyeron ninguna porque estaban esperando que les llegara su momento de lucidez para formular sus propias hipótesis, eso tampoco lo sabremos, lo importante es que decidieron no vivir en base a algo que les fue dicho por un semejante sobre algo superior a ellos. Siguieron observando su entorno, seguían surgiendo interrogantes, los demás seguían diciendo lo primero que se les ocurría, y ellos seguían y seguían observando, de pronto decidieron tomar  por primera vez una de esas hipótesis y corroborar si era cierta, si no le encuentran sentido, la descartan sin remordimiento, por el contrario, si aún sigue sonando razonable, la guardan para más tarde. Así vivieron por el resto de sus días, hasta la actual fecha en la que siguen analizando hipótesis (propias o ajenas), descartando las inútiles, guardando las posibles, y dando crédito a las que arrojaron un resultado. A este grupo lo llamamos “Científicos”. Los demás que aún conservan la enseñanza de miles de años, a algunos los llamamos “Creyentes” – (Tercera Premisa), y a otros no sé qué nombres les habrán colocado, ¿“Tortuguistas”?, en base a esto cree una encuesta la cual podrás responder al final de este texto.

Como ven, así pienso yo las cosas, entre ciencia y religión. Como dije al inicio, no son lo mismo, pero se relacionan mucho, desde su origen.

Si tengo la suerte de que algún creyente esté leyendo esta nota, y decide opinar que no cree ciegamente, le sugiero pensar un par de cosas, como son ¿quién te hablo por primera vez de tu religión?, si tu respuesta es “mis padres”, replico con otra pregunta ¿y quién le habló a ellos de su religión?, a lo que responderás seguramente “sus padres” y podemos llegar hasta sumar 34 generaciones, tal como el ejemplo que mencioné, la idea inventada por mí hasta que llegó a mi tátara-tárata-tátara y 31 tátaras más tarde y este último lo aceptó como cierto, demostrando que de hecho, no sabes con certeza si lo que te dijeron tus padres, es verdad.

Pero aparte, si dices que eres voluntariamente religioso, tengo otra pregunta ¿en qué preciso momento te diste cuenta que eras religioso? Quizás siempre lo fuiste, desde que naciste, o antes de vivir en el vientre materno, sin saber que la religión existía, ya eras religioso. ¿No es curioso?, es como cuando una niña sabe que es niña porque la visten de rosado, y su nombre termina con la letra A, y luego ella misma sin darse cuenta el motivo de porque es llamada niña, solo lo acepta, y ya siendo adulta sabe que el concepto de ser del sexo femenino es tener todos los órganos reproductores propios del género (entre otros caracteres), pero nunca supo en qué momento se dio cuenta que era en si una niña, ni sabría en que momento supo que tenía los órganos específicos del género. Un “científico” sabría con certeza que a la edad de 3 a 6 años empiezan los niños a investigar sobre su sexualidad, sin embargo nadie nunca se dio cuenta que pertenece a un género especifico, ni tampoco recuerda el momento exacto en que descubriste por ti mismo cuales eran tus órganos y si eran diferentes a los de los demás o no, simplemente lo aceptamos. Y esto que acabo de demostrar es la contra-respuesta, a cualquiera que haya sido tu respuesta de “¿en qué preciso momento te diste cuenta que eras religioso?”

Si te confirmaste, seguramente dirías que desde ese momento eres religioso, pero por qué no antes o después de esa precisa fecha que todos celebran, y de hecho, por qué decidiste confirmarte, si  incluso desde mucho antes “sabias” que pertenecías a tu religión, así que la confirmación no fue el punto de partida, fue más bien la aceptación de lo que ya habían decidido por ti. Y ni hablar del bautizo.

Sigamos con las preguntas. ¿No se te ha ocurrido preguntarte quien es dios?, buscar tus propias respuesta, averiguar por tus propios medios si es cierto todo lo que dicen y sin repetir  lo que has aprendido como un loro haría. Yo sé que incluso podrías describir  físicamente a un ser superior en base a un dibujo que hizo alguien como tú o como yo, que no lo hemos visto en persona.

La cantante Thalía, sabe muy bien lo que canta, y yo lo adapto a este texto con su famosa frase “porque siempre estuve equivocada, y no lo quise ver”. Cae como anillo al dedo.

Solo les pido a los creyentes que me estén leyendo, que desconfíen de lo que les dicen.  No solo en la religión, sino en tu profesión, hasta en la vida. Si estudias medicina y tu profesor dice en clases que el mejor antibiótico contra una neumonía es una penicilina cristalina, no lo aceptes, revisa lo que se conoce sobre neumonía, y sobre penicilinas, y todo lo relacionado, como resistencia a los antibióticos y espectro de acción, porque a fin de cuentas, cuando seas médico, ya en un ámbito legal, deberás cubrirte las espaldas con algo demostrado, ya que el argumento “mi profesor así me lo enseño” no será para nada válido. De igual forma, si alguien les comenta que somos nacidos de una naranja gigante (la cual llamaremos “La Gran Naranja”), seguramente lo ponen en duda inmediatamente, porque saben de antemano que no podemos haber descendido de una naranja, pero quien sabe, vamos a investigar que tan cierto es eso.

Y por último, unas consideraciones finales para los llamado “ateos”, ¿Por qué deciden llamarse ateos?, la definición exacta es que no creen en un dios, eso es comprensible, pero están dentro del paradigma de los religiosos y no se han dado cuenta. Usando nuevamente el ejemplo de la naranja gigante, si alguien dice que “somos hijos de la Gran Naranja”, simplemente no la acepto, lo descarto, no ando gritando al mundo “yo no soy hijo de la Gran Naranja”, porque esa es una idea que nació libremente. Si alguien no cree en un dios, ¿Por qué motivo diría que no cree en algo que para él no existe? Es como decir “Yo no creo en el color BLEN, soy Anti-BLEN”, ¿Qué dices?, no digas que eres Anti-BLEN, porque simplemente el color BLEN no existe, por tanto lo que sea que se lo oponga a este absurdo color estaría fuera de orden. También sirve de ejemplo, el juego infantil de Policías y Ladrones, unos tienen una figura y otra, pero ¿Qué pasa con los que no están jugando?, si alguien no está jugando claramente no dice que es un Policía o un Ladrón, porque repito, no está jugando. Lo más probable es que alguien que si participe del juego le invente un nombre a aquel que no está jugando, sería en este caso un Peatón, que desde el punto de vista del que está participando en el juego, el peatón es una figura oficial del juego, pero el que no está jugando no va a decir que es un Peatón, de hecho, no debe decirlo, porque una vez que asuma su figura de Peatón estaría siendo un jugador más.

Así que ahora me presento, yo, el autor de este texto, soy un médico venezolano, científico por naturaleza y básicamente no soy un peatón, no soy hijo de la Gran Naranja, tampoco soy Anti-BLEN, y definitivamente tampoco soy Ateo. Tampoco soy fan de Thalía.

Recapitulando, yo soy yo, y ya.

Les dejo las premisas con las que podrán definir sus vidas más fácilmente:

  1. Primera: Ciencia y Religión, no son lo mismo.
  2. Segunda: tanto ciencia como religión tienen un origen común: “la búsqueda de respuestas”.
  3. Tercera: la ciencia y la religión se diferencian en algo, una duda, y la otra cree.

Daniel Amato
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El dilema de la corrupción

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Todo texto debe, necesariamente, llevar un propósito. Pero cuando este va en relacion a la humanidad del ser, su objetivo no es más que dilucidar lo bueno y lo malo, sin caer en el paradigma de la ética, contradictoriamente.
El hombre, como especie, es corrupto por naturaleza, y egoísta por convicción.
Cuando un maestro exige a sus alumnos leer 50 páginas en una noche, sabiendo él mismo que en su mesita de noche hay un libro de 200 páginas que lleva guardado mas de 3 meses. O cuando un médico le dice al paciente que debe llevar una vida saludable, pero realmente está pensando en el plato de torta que va a tener de postre al llegar a su casa. O cuándo un científico remarca lo insustancial de la apariencia física, pero en su guardarropa hay piezas que combinan a la perfección según los expertos en moda.Todos estos ejemplos podrían demostrar muchas cosas en una primera instancia. Pero la corrupción innata del hombre seguro no te pasó por la mente.
Esto es, según pienso, que está dado por lo que hemos aprendido de lo socialmente aceptado, o mas bien, lo que nos han obligado a aprender. Todos tenemos la necesidad de hacer las cosas de manera correcta, pero no de la manera que realmente deseamos. Si el maestro lee mucho, o el médico es saludable, ¿son entonces  corruptos?. Mi respuesta sería simple: SI. Aunque depende mucho de las circunstancia, claro está. Quizas, aún no me de a entender, por que la sociedad es quien dicta el patrón conductual del hombre, y según esto, estarían haciendo lo correcto. Si el maestro no desea leer el libro porque prefiere dormir, si el médico decide salirse de la dieta, o incluso si el científico decide vestir una falda con botas vaqueras siendo este un hombre, siguen sin ser corruptos, según la sociedad, ya que nos limita este término a lo estrictamente legal. Pero si conocemos el concepto se corromper, el cual dice que es alterar una cosa, y sabiendo que nos estamos refiriendo a la humanidad del ser, lo cual incluye su libre albedrío y capacidad de libre pensamiento, todo aquel que altere sus deseos mas íntimos por aceptar la imagen de buen ciudadano que nos han impuesto, estaría en esencia corrompiendo su ser.
Esto ocurre todos los días, a cada comento, con cada decisión que tomamos.
No estoy criticando al hombre, ni a la sociedad, quien en efecto es una respuesta a una necesidad de organización dada por el mismo hombre. La idea de este texto es muy simple: hacer entender al lector que no podemos, ni debemos, juzgar a nadie por sus acciones, quizás incluso las de “moral débil”, porque en dado momento nosotros, al igual que este sujeto, podemos estar en la disyuntiva de elegir entre lo que esta bien para nosotros o lo que está bien ante la sociedad.

…¿y como decidir entre dos cosas que parecen estar bien?.. he ahí el dilema.

Daniel Amato
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Te quiero

quiero

Te quiero decir todo lo que no te pude decir aquel día.
Te quiero besar como nadie ha podido hacerlo antes.
Te quiero contar cuan miserable ha sido mi vida sin ti.
Te quiero expresar cuanto vales para mi.
Te quiero aquí conmigo, esta noche.
Te quiero abrazar, para que no te vuelvas a escapar.
Te quiero sentir tan cerca, que oigas latir mi corazón por ti.
Te quiero tener por siempre a mi lado
Te quiero imaginar como la mujer perfecta para mi.
Te quiero soñar toda la vida, como lo he hecho hasta ahora.
Te quiero ver a los ojos y saber que estas pensando.
Te quiero brindar lo mejor de mi.
Te quiero extrañar, para pensarte cada vez mas.
Te quiero robar un beso.
Te quiero regalar mi vida, mi futuro
Te quiero comprender, mas de lo que tu misma lo haces.
Te quiero confesar que ya no se lo que digo.
Te quiero, y eso lo que importa.

Daniel Amato
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La taza de té

tea

Todos piensan que fue mi intención hacerlo. Están en lo cierto. Sus voces traspasaban la madera, yo podía oírlos hablar y sentir su nostalgia. Jamás imaginé que alguien lloraría mi nombre. Tampoco supe la razón de su presencia, siempre a mi lado. Quizás fue el sentimiento de culpa y las sospechas.

Ayer yo sabía muy bien lo que ocurría. Ella me preparó esa bebida dulce con un toque de amargura y tristeza, miré sus ojos por unos segundos, estaban llenos de ansiedad, bajé la mirada hacia la taza de té, tomé unos cuantos sorbos y me saboree los labios. A los pocos minutos dejé de ser yo para empezar a ser alguien más, alguien que observa de cerca mi cuerpo inmóvil en la mesa, como aquel narrador que conoce bien su personaje.

Siempre la amaré, no me arrepiento por lo que hice. Juré hacerla feliz, y esa era la única manera de cumplirlo. Siempre lo supe, fui cómplice de mi propia muerte.

Daniel Amato
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El grito interno

Helena, una mujer fuerte, valiente,
Sin miedos, segura caminante
Autosuficiente
Admirable
Nadie nunca la ha visto llorar
No tiene motivos para hacerlo
Vive cada dia resplandeciente

Helena una mujer sin igual

Transparente
Al borde el abismo
— Tu, mi ser, que estas ahí afuera, ¡Sálvame!
Se grita desde adentro cada noche
Desconcertada
Sus lágrimas no esperan
Cae cada noche, se ahoga y muere

Helena una mujer de cristal

Dos seres contrastados en un mismo cuerpo
Como un escudo que protege, un relicario
Desde adentro envía señales de rescate
Y desde afuera manda señales de vida

La eterna batalla entre ambas, hasta la victoria, y la muerte

Daniel E Amato